neurorradiología

14 feb. 2011

Radiación ionizante y hormesis ¿previene el cáncer?

Hace algunos años desfiló fugazmente frente a mí un artículo en el que se hablaba de los beneficios para la salud de las radiaciones ionizantes a bajas dosis. Como yo soy un trabajador expuesto a este agente físico y el artículo ponía patas arriba principios que yo creía indicutibles o indiscutidos sobre Radioprotección, lógicamente suscitó en mí un interés no carente de escepticismo. Las circunstancias del momento no me permitían sumergirme en aquel artículo con la calma necesaria para tratar de hacer crítica sobre lo que allí se decía e indagar sobre la posibilidad de que hubiera otras publicaciones similares que pusieran en cuestión el modelo universalmente aceptado. Pero ha llegado el momento. Y me parece interesante que conozcáis la teoría de la hormesis en relación con la radiación ionizante y los "posibles" beneficios para la salud que de ella se derivan, no porque me parezca cierta ni falsa, sinó porque resulta sorprendente. Vaya por delante que no soy especialista en Protección Radiológica y que agradeceré cualquier enmienda o comentario.


El artículo en cuestión narra cómo una población de 10.000 taiwaneses se somete accidentalmente a una exposición a bajas dosis de radiación durante un período de entre 9 y 20 años a consecuencia de la construcción de sus viviendas con acero reciclado contaminado accidentalmente con Cobalto 60. Y cómo la vigilancia epidemiológica de esa población arroja unas sorprendentes cifras de mortalidad debida a cáncer muy inferiores a las de la población general taiwanesa. El artículo se publicó en el Journal of American Physicians and Surgeons en el año 2004.
Este es el escenario. La explicación de este fenómeno se llama hormesis (por similitud del fenómeno toxicológico que se ha observado con algunos tóxicos o contaminantes que utilizados en dosis bajas producen un efecto contrario que en dosis elevadas). Este modelo se opone radicalmente al modelo lineal sin umbral (LNT, linear non-threshold) universalmente aceptado en Radioprotección, que se basa en extrapolar a todos los niveles de dosis la evidencia científica de los efectos biológicos de la radiación ionizante a dosis altas. Los estudios que nos han llevado a la situación actual proceden de observaciones como las realizadas en las poblaciones afectadas por las explosiones de Hisoshima y Nagasaki, estudios por exposición al gas Radón, estudios en poblaciones que geográficamente están sometidas a distintos niveles de dosis de radiación de fondo o radiación cósmica, estudios ocupacionales en trabajadores de la industria nuclear o pintores de diales con Radio, o trabajadores o pacientes expuestos a radiaciones médicas.


A pesar de la controversia suscitada por este y otros trabajos, el modelo LNT  sigue guiando nuestros pasos en Radioprotección. Puede que un día sepamos toda la verdad. Mientras tanto la comunidad científica, en un acto de responsabilidad, sigue usando un modelo prudente y conservador en el que el principio fundamental es no hacer daño ("primum non nocere").





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